Todas las familias tienen altos y bajos en sus relaciones y Comunicación Familiar. Frecuentemente tenemos diferencias con otros miembros de la familia entonces… ¿Cómo abordar estas situaciones?

Aunque es cierto que las discusiones familiares sirven para ventilar diferencias y corregir desviaciones de conducta, no podemos dejarnos enganchar en cualquier disputa; por esto, en esta serie de 3 artículos, revisaremos con detenimiento esas Batallas que No debemos dar.

Una historia para Reflexionar


Quiero compartir contigo una historia real que, aunque no es acerca de  hijos adolescentes, ésta nos muestra las reacciones de  nosotros como padres ante el comportamiento de nuestros hijos y espero te lleve a reflexión, como me llevó a mí.

En una oportunidad, tomando café con una amiga mientras conversábamos un poco de todo, ella me contaba de sus vacaciones familiares, cuando de repente, su sonrisa desapareció y su gesto cambió al contarme que durante el viaje, no podía cenar con su esposo, ya que mientras ella cenaba sola, su esposo paseaba con su hijita de 2 años y luego, ella se encargaba de la niña, mientras su esposo cenaba.

Al preguntarle la razón de tal separación, me contó que no podían sentarse los 3 como familia a la mesa, porque la niña comenzaba a jugar con las servilletas y, en palabras textuales de mi amiga “hace un desastre en la mesa”. Cuándo le pregunté cómo le hacía sentir eso, me respondió que en un momento del viaje, le dijo a la niña “tú eres egoísta con mami: tengo que comer sola porque te portas mal y yo no puedo cenar con papi”. Esta afirmación me asombró muchísimo, por lo que a partir de  ese momento conversamos acerca de la injusticia de colgarle a una niña de 2 años con la responsabilidad de las decisiones de los padres y cuál es la verdadera razón detrás de la decisión de no sentarse a comer todos juntos como familia;

-Es que hace un desastre con las servilletas y… ¡qué vergüenza!

A partir de allí la conversación discurrió acerca de la disciplina en los niños y cómo tratar una transgresión a las normas, de acuerdo a la magnitud de la falta y sus potenciales consecuencias:  ¿Jugar con servilletas es una falta grave?   ¿Qué opciones tengo como madre para cenar todos juntos y disfrutar todos el momento?   ¿Es realmente indispensable que un niño de 2 años se comporte en la mesa como un adulto?

Y me pregunto…

Si es así, ¿Cómo proceder cuando un niño se aleja de sus padres en una multitud? ¿Cómo actuar si suelta la mano de su mamá o de su papá y salta a la calle sin un adulto? ¿Que mi hijo adolescente no arregle su cuarto, se equipara en gravedad a que se emborrache con los amigos y maneje en ese estado? ¿Es igual de serio que no termine un deber escolar a que consuma drogas ilegales?
Todo esto me dejó reflexionando acerca de las “batallas” que libramos a diario y la importancia de elegir cuáles batallas librar y cuáles soltar.  No es mi intención entrar a disertar acerca de cómo criar a los hijos o cómo inculcar valores en los niños, mi reflexión de hoy que quiero compartir contigo, va orientada a las batallas que libramos cada día y que afectan nuestra comunicación en la familia, independientemente de la edad que tengan nuestros hijos, aunque en mi experiencia esta revisión es especialmente útil con nuestros adolescentes.

¿Qué batallas librar y cuáles dejar pasar?

Algunas veces nos enfrascamos en fuertes o interminables discusiones con nuestros hijos por razones de poca importancia, (razones de forma y no de fondo) que, aunque son importantes y necesitan ser atendidas, no son cuestiones de vida o muerte, no representan un riesgo para los miembros de la familia y aun así, los convertimos en una “cuestión de honor”.

Es importante que cuidemos nuestra comunicación familiar, no podemos dejarnos enganchar en cualquier disputa; hay que cuidar las fuerzas, no malgastarlas y evitar hacernos daño o causar heridas en los que amamos.

Así, en esta serie de 3 artículos, propongo revisar con detenimiento esas batallas que no debemos dar.  De esta manera, nuestro tema de hoy es: Peleas que No Definen la Vida

¿Qué es una Pelea que no define la vida?  

Las peleas que no definen la vida son discusiones triviales, es decir, que no son realmente importantes. No vale la pena poner en riesgo nuestra paz y la comunicación familiar, malgastando todos los recursos y forzando los límites de la relación con nuestros hijos en batallas innecesarias que no son determinantes para el bienestar de la familia.

Algunas veces nosotros como padres, armamos una tragedia por algo que, al examinarlo más detalladamente, resulta realmente intrascendente. Peleamos con nuestros hijos, los maltratamos, dañamos la energía del día y podemos incluso impactar en su autoestima por algo tan tonto como que se rompió un plato, que no cuesta mucho y que se podrá recuperar fácilmente.

No estoy diciendo con esto, que todo debe dejarse pasar, o que hay que dejar a nuestros hijos hacer “a su antojo”. Creo que es importante (en el ejemplo del plato) mostrar que las cosas de la casa se cuidan entre todos, si el plato se rompió como consecuencia de una conducta inapropiada, ésta  debe ser reprendida, llamar la atención sobre la acción y las posibles consecuencias, mostrar el riesgo, poner el límite. Lo que quiero mostrar en este ejemplo, es lo inadecuado de hacer un gran lío por una pequeñez.

Podemos mirar los “pro” y los “contra” y encontraremos muchas razones por las cuales convertir un plato roto en la Tercera Guerra Mundial es, no sólo inútil, sino contraproducente para nuestra comunicación familiar.

Y si es así… ¿Qué hacer?

Por un lado, es cierto que hacer un llamado de atención es necesario y conveniente, ya que refuerza en los integrantes del grupo familiar la noción de responsabilidad compartida en el cuidado y conservación de las cosas de la casa, además de mostrar el riesgo potencial que estuvo implicado en el asunto.

Por otra parte, si el hecho ocurrió como producto de un accidente, puede ser peor hacer mayor énfasis en el asunto, puesto que el responsable probablemente ya está más que contrariado y avergonzado.

Hay mucho que considerar…

Otro elemento a considerar en nuestra comunicación familiar es lo que yo llamo la “bolsa de municiones”; esto es la cantidad de peleas o batallas que podemos ganar en discusiones con nuestros hijos. Si gasto mis municiones en una taza que se cayó, ¿Qué voy a hacer cuando una conducta de mi hijo sea verdaderamente inapropiada o le ponga en riesgo?

Esto me recuerda una historia que leí hace algunos años; te la contaré como la recuerdo, se trataba de una adolescente que comentaba en consulta con su terapeuta cómo había perdido todos sus privilegios (celular, salidas con amigos, etc.) por haber obtenido malas notas en el reporte escolar y al preguntarle el especialista si cambiaría su conducta para mejorarla, la paciente respondió que no, ¡que pensaba comportarse peor!

Al preguntarle su razonamiento, ella le responde: -¿Qué más me van a hacer? ¿Qué más me pueden quitar?  Esa historia se me quedó grabada porque refleja claramente los errores que yo en ese momento, estaba cometiendo con mi hijo adolescente.

Entonces, ¿Cómo actuar?

Trayendo esa reflexión a nuestro ejemplo, si hago de un asunto como el del plato un gran lío, ¿Qué hacer si mi hijo desobedece una norma? ¿Qué hacer si se pone en riesgo real? ¿Cómo hacerle ver la gravedad de un asunto muy serio, si por “cualquier cosa” la pelea se convierte en una explosión nuclear?

Así, la recomendación en este primer punto, Peleas que No definen la Vida, la clave va a ser:

  1. Establecer la gravedad del asunto:
  • ¿Es un asunto Grave?
  • ¿Es Moderado?
  • ¿O puede ser considerado Leve?
  1. Determinar las potenciales consecuencias de la acción:
  • ¿Implica riesgo para la seguridad o integridad de mi hijo?
  • ¿Amenaza el logro de sus objetivos o proyectos?
  • ¿Es ilegal, inmoral o contrario a los valores familiares?
  • ¿Impacta o pone en peligro a terceros?
  1. Decidir la magnitud de la reacción.
  • ¿Amerita una medida disciplinaria severa?
  • ¿Corresponde un llamado de atención?
  • Una conversación en privado será suficiente?

Reflexiones finales

En palabras de Jorge Bucay “No somos responsables de nuestras emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”.

Desde lo que nos regala ese pensamiento, es importante que revisemos las emociones que estamos sintiendo y, mucho más importante, qué estamos haciendo como consecuencia de lo que estamos sintiendo.

Discutir con mi hijo adolescente en medio de la furia por su conducta inadecuada, probablemente es la receta para el desastre.
Imponer medidas disciplinarias cuando me siento angustiada porque no llegó a la hora que debía y no lo he podido ubicar por varias horas, con toda seguridad va a terminar con un castigo bastante injusto.

Para lograrlo…

Permite: que tus emociones y sensaciones como la alegría, el entusiasmo y, especialmente el cariño, el afecto y el amor te permitan consolidar relaciones armónicas con tu familia.

 

No Permitas: que las reacciones provenientes de la ira, el miedo, la ansiedad, la rabia, la decepción, la angustia o la tristeza te alejen de tus seres queridos.

Me despido con una maravillosa frase de la Princesa Diana de Gales: La Familia es la cosa Más Importante del Mundo…

En nuestro próximo artículo sobre la Comunicación Familiar, hablaremos sobre un segundo género de batallas que no debemos dar: Batallas para las que no estoy lista.